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martes, 3 de abril de 2012

La poesía mata...


Nunca he fumado un cigarrillo en mi vida. Algún puro a lo Sarita Montiel en bodas y bautizos y tabaco de manzana en una shisha de vez en cuando...

Pero miento. Nunca había fumado un cigarrillo hasta que, ya con más de 30 años, un amigo me convidó al que aparece en la foto. Es el único cigarrillo que he fumado.

La poesía mata... así reza el letrero en el paquete del que salió este cigarrillo. El mismo del que unos días antes salió otro del que sólo aspiré el humo. Se lo fumó mi amigo:

"The secrets of your body"

Completamente iliteraria.
Nadie escribió antes sobre ella
porque nunca existió algo así.

Si
supieran que es en su bientre
donde está todo el bien de este
mundo. Si supieran marinos, navegantes
y aventureros que no existe Triángulo de las
Bermudas como el que hay entre sus piernas.

Que los relojes se aceleran si ella corre
porque es ella quien marca el tiempo.
Que la vida rima si te mira.
Que tras su beso
no hay guerra invencible.

Que cuando vuelves a casa,
después de su cuerpo,
sabes con extraña y absoluta certeza
que en tus manos han quedado impregnadas
semillas de su recuerdo.
Y que algún día echarán raíces
jodida. Irremediablemente."

Y tras aspirar el humo de aquel primero entendí la adicción de los fumadores. De los fumadores de poesía, los que esnifan arte o se pinchan cine en vena para sobrellevar la realidad de cada día. El arte, el teatro, el cine, la poesía... matan. Pero... despiertan el alma. Y... ¿acaso no es mejor morir con el alma despierta... que arrastrarse por la vida con el alma dormida?

Sin duda, yo lo prefiero. Y mientras uno no reconoce el peligro de sus vicios, o peor aún, lo reconoce pero decide asumirlo, es difícil desengancharse.

Os dejo, tengo que llamar a mi camello para que me recomiende la mejor película u obra de teatro para sobrellevar la tarde de hoy... Si el viaje vale la pena, os lo recomendaré mañana ;-)

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